Crónica de un verano (Jean Rouch & Edgar Morin, 1961)

París/Saint Tropez. Verano de 1960. Una cámara de cine al servicio de la antropología y la sociología con la intención de comprender al ser humano. Una reflexión sobre la incidencia del cine en las vidas de las personas y la dimensión hermenéutica de aquello que denominamos verdad. Jean Rouch y Edgar Morin, con el sello en la producción de Anatole Dauman, son los responsables de esta crónica de verano convertida en la película manifiesto del llamado cinema verité. La cámara al hombro, sobriedad cinematográfica y dos cuestiones: ‘Comment vis-tu?’ ‘Es-tu heureux?’ Estudiantes, artistas, desempleados, anónimos parisinos de diferentes clases sociales que toman cada día el metro, reflexionan sobre sus vidas y su concepto de la felicidad, la soledad, la indiferencia, la guerra… No son actores, sino ‘hombres y mujeres que dieron un momento de su existencia’ al cine.

Rouch-Morin se lanzan en una búsqueda sincera hacia la esencia cinematográfica para confeccionar un interesante retrato de aquellos jóvenes y no tan jóvenes que protagonizarían años más tarde el Mayo del 68. Un cine capaz de adentrarse en el interior del ser humano con una actitud curiosa, respetuosa y humanista para después confrontar a los protagonistas con sus propias ideas delante de una pantalla de cine. La cámara provoca, subjetiviza la realidad e interactua con los personajes con el único objetivo de catalizar la veritas cinematográfica. Pocas veces una película logra alcanzar el estatus de arte (autor)reflexivo y convertirse en una genuina crónica sobre el cine.

La distancia del karateka: implicación y distanciamiento.

~ por esarq2008 en Junio 13, 2008.

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